28 de septiembre de 2009

Omelettes



“¡Que te acabes la tortilla!” me gritaba mi madre una y otra vez… “¡Hasta que no te acabes la tortilla no sales a jugar!”.

Recuerdo un día que se me ocurrió tirarla por la ventana de la cocina y decirle que ya había terminado. Mi madre me dejó salir, pero al rato vino con la cara desencajada y dispuesta a castigarme por los siglos de los siglos amén: aquella ventana daba al patio de vecinos y mi madre, al asomarse, había visto la tortilla espachurrada y esparcida (creo que tenía trozos de atún) en el patio del vecino de abajo…

Y así es, poco a poco y desde pequeñitas nos van alimentando con lo que configurará nuestra identidad “femenina” en el futuro, por medio de inocentes juguetitos: que si las princesitas, que si las pinturitas, que si los bebés, que si las cocinitas…

¡¡Marchando media docena de tortillitas ricas!!
(Opcional el lanzamiento por la ventana)

No hay comentarios:

Publicar un comentario